
Leonardo Da Vinci y la Máquina de Computación Cósmica
Como me gusta aprender siempre estoy leyendo, y tanto así que me terminan por pasar las cosas. Ustedes saben que este estilo se llama Hiperrealismo Mágico o, si lo prefieren, Dolce Stil Tropo.
Da igual en este caso, pues el hecho es que después de cenar en el Restaurante de la Pelirroja con Joao y Marina (en la calle Sofokleos, al frente de la estación de Policía), bajamos al centro a conocer a Leonardo.
Leonardo es un estudiante brasilero de San Pablo quien, como es lógico, es ingeniero físico. Había estado toda la semana en Salónica y al día siguiente partía a la isla de Meteoros, a leer a través de las piedras milenarias.
Leonardo me dijo que había presentado una teoría sobre la inestabilidad del hombre en nuestro medio elástico gravitacional. El hombre no está en equilibrio, dice, y de tal manera que en ese error minúsculo se finca la probabilidad de su santa existencia.
Sus palabras me aclararon varias preguntas que había tenido hasta el momento y de tal manera que bastó con menos palabras para darme a entender esta fascinante revelación del Cosmos, lo cual ya había dibujado desde hacía mucho tiempo el Maestro Da Vinci.
El Hombre es esplendor del Cosmos y de la Naturaleza. Su cuerpo se encuentra en contacto con todo y desde ese desequilibrio perfecto computa el deseo del equilibrio. Cada cual según su historia y su conciencia. De ahí el que sea tan importante la educación, a fin de hacer crecer sus capacidades integrales de armonía.
Siempre supimos que éramos obra del Tiempo y de la Gracia de Dios. La alegría de su ciencia eterna. Una grandiosa unidad de computación cósmica que es intelectiva y creativa y conciente de sí y de las cosas. Leonardo amaba contemplar las aves libres y de tal manera que las compraba en el mercado de San Lorenzo para soltarlas en su casa de Fiesole.
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Salónica, 11 y 7 y 2011
Silvio José Bolaño y Robledo











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