viernes 13 de febrero de 2009

Presencias




He llegado a la capital hace poco menos de un mes, en donde sigo a la espera de una respuesta de La Gerencia a mi, por lo demás, justa Acción de Reposición. Escribo como un deber, en esta noche que si en algún momento deparó para mí la satisfacción de poder contemplar la salida de la madre blanca, la diosa Luna, brillando pleniplata tras el cerro picudo frente al balcón de Daniel (mi amigo que me hospeda en El Chicó), no evitó con su belleza devenir en esta horrible presencia que ahora nos aturde, y que aún no me ha otorgado el control sobre mi cuerpo.

Sé que afuera seguirá la dama de plata electrizando el sagrado cielo muisca, pero no me es dado mirarla. De mis veintitantos días en Bogotá, me hospedé unos cuantos en la casa de Pablo y Jaime, mitigando mi ansiedad ante la espera de esta Acción de Reposición en la cual tengo cifradas mis aspiraciones vitales en La Empresa y, por consiguiente, en mi vida profesional. Momentos de distensión en Chapinero con Pablo y José, el primo de Jaime (ausente por un viaje de negocios), compartiéndonos proyectos, amores, anécdotas; pasando las tardes y las noches fumando, bebiendo, mirando fútbol, asesinando marcianos en el Xbox.

Amigos que se vuelven ángeles, como Daniel, quien me ha prestado una gran ayuda en mis asuntos y a cuyo apartamento he regresado esta tarde. Haciendo un gran esfuerzo por él y por ellos, por mis padres y por la gente cercana que me ha ayudado en este trance, escribo las presentes líneas. Ellos son testigos de que mi fuerza está dada por el amor, pues sólo por Juana continúo con mi Reposición ante La Empresa, esperando reunir así un capital que nos ayude a cumplir nuestros sueños. Esta tarde he regresado a El Chicó, y la noche vino con su habitual melodía, como un perenne rugido de bestia pagana, reflejándome el rostro de Juana en la pleniluna, como para calmar esta nostalgia de su lejanía.

Eran las diez de la noche, después de haber visto a River Plate, fumado Pielrojas y Marlboros, hablado de Obama y comido recalentado de fríjoles, instantes antes de acostarme bajo este sleeping bag, puesto como cobija, y antes de comenzar a sentir su presencia. Dormía, y entre sueños me tuve en algo espantoso, ya que ni mis piernas ni mis brazos ni mi rostro ni mis dedos reaccionaban ante la voluntad de mi mente. Como no me era dado el moverme me exasperé y grité, pero fue inútil, y me afectaba la garganta. Tras angustiosos minutos de asfixia y combate logré despertar, pero a la espantosa realidad de encontrarme en iguales circunstancias a las de mi sueño: inmóvil, sudando, consternado en la inmensidad de mi interior como arrojado al infinito, sin posibilidad de acción sobre su recipiente.

Durante intensos minutos libré una batalla por retomar el poder sobre mi cuerpo, hasta que vino a mi mente una voz que se me parecía a la de mi amigo Daniel. Decía que me tranquilizara, que todo había concluido, que se trataba de una prueba que necesitaba afrontar y que, en efecto, quien me estaba hablando era mi amigo. Y a punto seguido recuperé el movimiento, se encendieron las luces y apareció Daniel rodeado de un aura dorada, acercándose a mí y llenándome de paz, luego de este horrible sentimiento. Me explicó de qué manera él con su mente había producido en mí esta sensación. También relató cómo había sido enviado para revelármelo y cuánto cuidado debía tener de ahora en adelante.

Aludía a que debía exigirme tanto en ejercicios de concentración mental como de relajación espiritual, únicas maneras de mantenerme protegido. De lo contrario nunca me encontraría tranquilo. Entonces fue cuando caímos en este letargo, el cual desencajó nuestros huesos y músculos ante su presencia, lanzándonos violentamente al suelo de la sala y obstruyendo nuestra respiración. Luchamos, y no obstante Daniel se levantó primero, lo hizo para desplazarse a gatas, hace algunos instantes, hacia su habitación. Repitiendo en mi mente que aguantara, que pensara en la proximidad de lo eterno, en el quiebre lógico de las dimensiones en el espacio, que no se explicaba qué era lo que nos estaba sucediendo.

Silvio Bolaño Robledo

A mis amigos
A los ángeles


Imagen tomada de:
http://www.fonisol.com/es/colombia/bogota/index.htm

Visitas