“Todo es bueno, nada es bueno”
La ley de la selva
“La naturaleza está llena de dioses”
Heráclito, el Oscuro de Éfeso
Al final de su desventurada “Historia General de las Drogas”, el filósofo español Don Antonio Escohotado se atreve a repasar los dramas sanitarios, sociales y morales consecuentes a la prohibición de la producción, distribución y consumo de algunas drogas en Occidente. Y aclaro que tal desventura se debe en tanto a la persecución que a este y a su obra, en pleno medioevo informático, le ha caído encima; condenándola a su pobre divulgación, lectura y debate, sobre todo en países productores como Colombia y la región andina.
En esta valiente obra, Escohotado da cuenta de cómo a comienzos del Siglo XX, y haciendo alarde de su poder moral y gracia policiaca, los puritanos estadounidenses dieron inicio a otra de sus sangrientas guerras. Pero esta vez en contra de ciertas plantas y compuestos químicos que, previos a la prohibición, pocos casos de adicción le reportaban al país del Norte. Y ningún muerto, latifundio, cartel de narcotráfico, banda de sicarios, mina antipersonal, secuestro de inocentes, extorsión, desaparición, terrorismo guerrillero ni barbarie política, en la democrática República de Colombia.
En su conciencia maniquea (esto es la de quien se cree con el poder divino de establecer juicios de valor entre la opción binaria de lo malo y lo bueno, lo blanco y lo negro, lo derecho y lo izquierdo…), se atrevieron a promover incluso la censura del alcohol, perdiendo en su patética batalla ante las más brillantes conciencias de los Estados Unidos.
Previo a la censura, por ejemplo, la cocaína podía conseguirse libremente en las boticas, sirviendo así, como asegura Charly García, para su único fin: drogarse. Y estando al servicio de quienes, como Sigmund Freud, programaban con ella sus experimentales terapias personales. El uso de la heroína, en cambio, era conocido casi exclusivamente como un método para combatir el abuso del opio.
Bastaría con aquella sentencia puritana para que la antigua y noble institución de la mafia italiana deviniera en un monstruo que, encarnado por la novedosa figura del maquiavélico gángster, arrojara a centenares de incautos por las calles de Europa y EEUU, con ojos de pájaros adoloridos, buscando jeringas y euros para llenar sus venas con la esencia extraída de la bellísima flor de amapola. Y a la República de Colombia hacia una guerra civil que le ha costado la muerte de miles de inocentes, la involución de la alta cultura ciudadana que en los años 60 y 70 prodigaban ciudades como Cali y Medellín, el magnicidio de sus líderes más prometedores (Luis Carlos Galán Sarmiento, Rodrigo Lara Bonilla, Bernardo Jaramillo Ossa…), la corrupción del Estado, la destrucción de las selvas, el desplazamiento de campesinos, la escasez de cultivos de alimentos, la perversión de las arcaicas guerrillas pseudo marxistas y, en nuestros días, la retórica populista de sus gobernantes neoliberales.
El miedo y la mojigatería han rodeado al tema de las drogas de un ignominioso silencio. Y nuestra despreocupación intelectual le ha concedido, a tan peligrosos adalides de la moral y la salud pública (políticos de pacotilla), la posibilidad de dar por hecho, a través de la imposición de verdades proselitistas, o sea de carácter retórico, la ignorancia colectiva de masas que, sufragando con obediencia, les ceden su derecho a la reflexión y el conocimiento.
De esta manera han engendrado una caterva de energúmenos morales que no sólo desconoce la importancia de reivindicar sus derechos constitucionales, a fin de que jamás sean vulneradas sus libertades como individuos: tampoco muestran interés en razones medicinales, toxicológicas ni terapéuticas. Mucho menos en los serios estudios antropológicos, sociales e históricos que, al contradecir a sus mesiánicos líderes, juzgan que fueron escritos por enemigos de la paz, terroristas o universitarios violentamente llamados como mamertos.
En este panorama de estancamiento mental no solo ignoran, si no que subvaloran, las referencias que el propio texto bíblico, paradigma de verdad y fe, trae del uso del cáñamo, el alcohol y otras sustancias indeterminables, entre la jerarquía de los patriarcas, profetas, inspirados y Mesías. Los cuales, de manera análoga a los chamanes de nuestras tierras bajas, se colocaban en un diferente estado de percepción sensible a fin de establecer un diálogo con la divinidad, descifrando los misterios de vida y muerte que posteriormente comunicaban a los no elegidos.
En este maravilloso país, donde Cristóbal Colón ubicara geográficamente el Paraíso (en el cerro bautizado “La teta de María Guevara”, de la Sierra Nevada de Santa Marta), son pasadas propagandas radiales en las que, adoctrinando en la sabiduría del nepotismo, puede escucharse la voz de una niña de diez años diciendo “no cultives la mata que mata”, donde se pone en un mismo nivel a la marihuana con la cocaína y la heroína. Como si la naturaleza en sí tuviera la capacidad de reflexión y el poder bélico de llevar a cabo una masacre, desaparecer jóvenes o sembrar minas antipersonales en los campos andinos.
Un bareto (cigarrillo de marihuana colombiano), destruye menos neuronas que una media de aguardiente (licor nacional), generando menos violencia intrafamiliar, descoordinación motriz, pérdida del conocimiento, adicción, resaca y deserción laboral. Tiene menos propiedades cancerígenas que el tabaco (menos aún que el cigarrillo con filtro, máquina de nicotina y alquitrán), teniendo como malísimas consecuencias el hambre, el sueño, la risa nonsense y la irritabilidad ocular.
La ignorancia y el abuso de la retórica populista de nuestros gobernantes, ha dado pie a que el propio Señor Presidente de la República (el mejor Presidente que jamás haya tenido, sin punto de discusión y a fin de no ser llamado terrorista, “La Patria” que él mismo dice gobernar; siendo el más sagaz de los políticos y el mejor retórico que haya dado a luz nuestra raza antioqueña, mejor santandereano que Bolívar y bolivariano que Santander), proclame en días pasados que: “Lastimosamente, no podemos prohibir el consumo”.
En ese “lastimosamente” está cifrada la libertad y los derechos constitucionales de los ciudadanos colombianos. Lastimosamente la policía no puede meterse a tu casa a consultar, decentemente, qué es aquello que estás quemando en tu pequeña pipa. Ni rociar con glifosato, las plantas de siete hojas que tienes en la terraza de tu piso.
Lastimosamente no pueden llevarte a la cárcel (o pedirte dinero) por tener una dosis personal en el bolsillo, aunque sea esa la historia de terror de muchos de mis estudiantes y amigos. Ni agarrarte a palos con el bastón de mando, hacerte comer lo que llevas en el pantalón, insultarte públicamente, desaparecerte y enterrarte en una fosa común, diciendo eufemísticamente que se trataba de un “falso positivo”.
Lastimosamente el Ministro del interior, antiguo embajador en Italia y hermano de a quien se le imputan graves casos de corrupción, no puede prohibirnos los derechos que nos ha otorgado la Corte constitucional de La República democrática de Colombia. Aunque así diga que desea obrar, como si fuese legislador y no ejecutivo, para subir su baja popularidad entre los conservadores criollos.
Lastimosamente se trata de una República democrática, según la Constitución, y no de una sangrienta Patria del Siglo XIX. Lastimosamente aún quedan mentes pensantes y libres. Lastimosamente nos toca emigrar para poder hablar con fuerza sobre estos temas, aunque aún así jamás nos sintamos tranquilos.
A la memoria de mis antepasados
Todos conservadores y cristianos viejos
En cuya goda cuna pudo cultivarse
Mi libertad y amor por el conocimiento,
Y a la libertad de mis descendientes
Silvio José Bolaño Robledo
sábado 28 de febrero de 2009
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13 comentarios:
Por la libertad de nuestros hijos... ¡Salud!
Silvio,
dos cositas: Qué tenés vos en contra de Escohotado, y por qué tildas de desventurada su Historia, me parece que impunemente además, este señor lleva más de cuarenta años estudiando el tema a fondo, Silvio, me parece que debería merecer de tu parte un poco más de respeto. Otra cosa, por qué no nos demuestras en una próxima entrada, con datos científicos, cifras claras y estudios verdaderos, y no sólo diciéndolo, aquello que afirmas acerca del aguardiente y la marihuana, por que si no estarías sólo diciéndolo también de manera impune; a menos que vos mismo hayas hecho el experimento, te aconsejo no creer en ese tipo de suspicacias.
Otra cosa, "Lastimosamente el Ministro del interior, antiguo embajador en Italia y hermano de a quien se le imputan graves casos de corrupción" dices eso, y a vos quién te ha dicho que el hecho que alguien tenga hermanos corruptos pueda servirle a algún otro para demeritarlo como persona, qué culpa tiene nadie de tener los hermanos que tenga, y haber sido embajador de Italia tampoco.
Silvio, me parece indignantemente superfluo este articulo, tiene tantos puntos débiles, tanto por donde metérsele, que si fuera fortaleza no duraría en pie un segundo ante la más pueril y muelle arremetida. Lo otro es lo de la dedicatoria final, pues habiendo hecho gala de una cierta posición durante tu discurso, luego hablas de la memoria de tus antepasados godos y cristianos y suena como a burla, parece que te estuvieras burlando. Esta todo muy mal llevado. Me da mucha pena decírtelo. Un abrazo, hermano,
Daniel Torres Gómez.
Un abrazo Daniel,
Agradezco tu mensaje, pues siempre eres lumínico con tus críticas. Sobre todo confirman el que hablar de política es meterse en un terreno que levanta sensibilidades.
En primer lugar, creo que me ha faltado explicar por qué considero desventurada a la gran Historia General de Don Antonio Escohotado. Y esto dada su poca lectura y seria comunicación, especialmente en nuestro país. Los argumentos científicos que, ligeramente enumero, son sacados de su texto, al igual que los bíblicos e históricos, por lo cual no necesito escribir otro artículo para afirmarles. Y al citarle no pretendo más que abrir un debate respecto a la necesidad de leerle y comentarle. En este caso, los datos no son suspicaces, puesto que creo en esos cuarenta años de estudio, resistencia y magisterio.
En tanto a lo del Ministro del Interior, dejo abierto el argumento a las suspicacias por una cuestión de ética y de política: No puede dejarse en el olvido, ni exhimir de investigaciones públicas. Es necesario que en Colombia se investigue a fondo las relaciones del estado con el narcotráfico. Y no voltear la página del diario, al primer argumento retórico. En todo caso no estoy imputándole a nadie una culpa diferente a la de hacer uso del tema de las drogas como proselitismo político.
Y la ambigüedad a la hora de la dedicatoria, lo cual puedes tomar como una burla, se trata de una afirmación de lo que soy, dado que si puedo pensar con libertad se debe precisamente a que he nacido en una cuna de godos que, siendo cristianos honrados, me facultaron para hacerlo con dignidad y fortaleza.
No espero contruir murallas, pero sí abrir caminos de reflexión y diálogo. En ti, por lo tanto, lo he conseguido. Claro que corregiré, a través de un apunte, que se trata de un homenaje a Escohotado, dado que las mentes literales pueden ser susceptibles a ello. Pero no se trata tampoco de escribir verdades totalitarias, ni de hacer mi propia campaña electoral. Tampoco escribo impunemente, lo cual es una desgracia de tu comentario. Ahora recuerdo la frase de Aristóteles, quien decía que quien no se mete en política corre con la desventura de ser gobernado por los más estúpidos. Y política, en este caso, se trata de revolcar las neuronas consumidas por un vaho más peligroso que el del alcohol y las drogas: el fanatismo
Alegría mi hermano
Silvio José
Hombre, Silvio, yo no sé pa qué me pongo a opinar en cosas de política si yo de eso no sé un carajo, a mí no me importa la politica, no me importa la democracia, no me importan las mentes pensantes y libres, ni me importa quién consuma ni cómo lo haga o quién no, ni lo que haga algún paleto al respecto, de buena o mala voluntad, abusando, sirviendo, o deje de hacer; La Sierra Nevada de Santa Marta me importa un pimiento y también Escohotado al fin y al cabo, que pa qué me pongo yo a defender a ese vijeo guevón, lo del aguardiente y la Maracachafa me importa menos, pero es por que yo no tengo nada a favor de las neuronas; ni de las ballenas; ni de la especie humana en general; aquí vamos todos al grito de sálvese quien pueda hace millones de años. Creo en el individuo y descreo de todo lo que niegue al individuo,por ahora.
A mí lo que me importa es la pornografía, que es lo único puro que nos queda. Y los versos rezumantes y definitivos y espurios y punibles y arteros e inequívocos y equívocos e insostenibles e infundados y guasones e infecundos y parteros e inmarcesibles como semen en los labios de una niña leve. Lo demás, "vaya al diablo con el perro y la calandria" como cantó Pater Noster. Disculpame (no es una ironía esto) por meter la narices en donde no tengo ni capacidad ni posición ni conocimiento, para opinar.Es que estaba aburrido en mi casa, y bueno. Un abrazo. Daniel. Podés borrar estos mensajes, y de nuevo te ofrezco disculpas.
Mal haría, mi querido amigo, en publicar un artículo como este para borrar los comentarios y críticas que, con argumento, son escritos por inteligencias tan importantes para mí como la tuya. No espero recibir aplausos y flores con lo que escribo, mucho menos cuando se trata de algo tan fuerte y de necesaria discusión en nuestro país. Antes bien, mira cómo he intentado cerrar las ambigüedades, a fin de no dar pie a malos entendidos.
En tanto a lo del Ministro del Interior, sigo pensando que, no obstante nadie es culpabe por lo que hace su hermano, en una democracia digna debería haber renunciado hace mucho rato. Sobre todo por el cargo que tiene, ya que no se trata de cultura, salud o educación. La discusión, enhorabuena, tiene que quedar abierta.
Te mando un abrazo, hermano, esperando que tengas más ratos de aburrimiento. De ellos nacen los sonetos y las críticas que alimentan la inspiración y la amistad
Silvio
Ve, Silvio, por mí que les den por el culo a todos, y a las democracias dignas también, y a la constitución. En todo caso, y aunque no me importe, y despuès de haberlo leído varias veces,te confieso que yo no sé qué es lo que vos pretendes con esto; qué consigues con denunciar verdades de Perogrullo y parafrasear a Escohotado. Qué pereza, hombre!
Hay una cruzada, pero en vez de violar y matar musulmanes en nombre de recuperar tierra santa, esta vez los ejércitos victoriosos de la moral de nuestro señor quieren poner al nivel de un asesino el fumarse un porrito. De esperarse en una sociedad de lameculos como ésta. Afortunadamente, algunos católicos y conservadores ejemplares nos llenaron de convicción y principios para ser liberales, Silvio.
Enhorabuena!
Con todo respeto, estas ideas son bastante deleznables.
Cómo se ve que no has sufrido el drama de ver a un familiar o un amigo hundido en el fango por las drogas y a su familia desecha por el dolor de ver a uno de los suyos en una situación tan lamentable.
Resulta facil hablar en abstracto. No se si podrías sostener estas ideas despues de ver a tu madre o a un hijo tuyo esclavizado por la droga.
No se si serás padre de familia. Quizá pensarías distinto si fuera un hijo suyo el que estuviera consumiendo droga.
Hay un romanticismo nada realista que nos puede llevar a pensar que la droga sirve de puente entre lo divino y lo humano. Por lo menos las experienccias que yo conozco son las de personas y familias viviendo un infierno.
Estas ideas sólo pretenden introducir otro matiz, respetuoso y sereno, en este diálogo.
No sólo he visto a familiares sucumbir por las drogas. También otras gentes. Trabajé con indigentes y supe de que caían a la calle por adictos. Si penalizan la dosis mínima, no acabará la adicción. La había antes de que despenalizaran, de hecho. Estar en desacuerdo con Satanizar gente de bien que prefiere un ploncito a 3 guaros no apela "al puente entre lo divino y lo humano", sino a la terrenal y respetable decisión de enfarrarse como a uno le viene en gana sin joder a los otros. Los argumentos que apelan a la lágrima al recordar a los "tuyos" y a "los míos", los dejo para dramatizados de formato unitario tipo "Decisiones" o "Corin tellado". Mis ideas deleznables.... problablemente, siempre va ser deleznable algo con lo que no se está de acuerdo. Sino que si uno dice "idea o artumento débil", le toca decir por qué. La gente que dice "deleznable" evita las razones por lo rimbombante y sonoro del adjetivo.
Gracias por tu mensaje, el cual, aunque anómico, abre la discusión sobre las adicciones. Un tema contingente al uso personal y al abuso político que actualmente se hace de las drogas, sobre todo de las prohibidas.
Según Escohotado, previo a la prohibición en USA, menos de cinco personas en veinte años habían acudido al médico por sentir que tenían problemas con el uso de la cocaína (por favor busquen las citas textuales, estoy acudiendo a mi sana memoria dado que el libro pertenece a la biblioteca de mis padres, conservadores honestos, y me encataría que fuese leído).
Ahora bien, hay drogas altamente adictivas, otras que no. El tabaco, la cafeína y el alcohol son muy adictivas, al igual que la cocaína y la heroína. En nuestro país hay más alcohólicos que drogadictos, y esto no correrá jamás el doloroso camino de la penalización. De penalizar el alcohol, los traumas sanitarios se dispararían, al igual que los carteles, la guerra, la mala producción y el via crusis de ir a conseguirlo. La marihuana, en cambio, no genera adicción química, si no psicológica (por que es muy rica), y esto es de fácil tratamiento.
En mi caso particular (no me gusta hablar así, pues dada mi formación jesuita y filosófica prefiero creer en los argumentos), tengo dos tíos que viven en las calles de la costa. Uno de los dos habita sólo en el recuerdo. El problema con la moral y las drogas es algo terrible para la psiquis del hombre contemporáneo, sobre todo de los moralistas. Te fumas un porro, te cae el recuerdo del Prefecto de Disciplina, la daga de la culpa, las tablas de la ley social, la imagen rosada del Señor Presidente, la de tu jefe preparando tu despido y luego crees que no sirves para nada. Eres una escoria. Pero no es la marihuana quien ha dejado a tanta gente en las calles. En Medellín hay algo que se llama bazuco, y es la cocaína, de malísima calidad que, unida a otros compuestos, se fuma. Esta no solo genera dependencia si no también el visible detrimento del cuerpo. Qué decir del sacol, tan legal como cualquier otro pegamento. Recuerdo que Natalia París respondía que no fumaba marihuana por que daba celulitis. Es una mujer culta. El cáñamo da sueño y hambre, cosa que no hacen las demás drogas.
Pero volvamos al tema de la adicción y las historias personales. Es chocante, al tratar estos temas, entrar en el ámbito irrefutable de las subjetividades. Cuando digo "para mí..", quiero decir que puede venir Einstein a darme razones y aún así no tengo por qué ni para qué creerle. Pero, ya que lo he vivido, deben creerme a mí, víctima del mundo. Lo real es que en Colombia muere más gente de enfisema, de cáncer y de cirrosis, que de complicaciones con las drogas prohibidas. Y el café es nuestro producto nacional. Nuestras drogas legales ocasionan más dramas familiares, pérdidas del conocimiento, estupro y deserción laboral, que la marihuana. Lastimosamente el Señor Presidente, su ex Ministrico (quien al travestirse de este pretende ganar votos, no sé entre qué tipo de insensatos) y el Ministro del Interior, hacen política de avanzada con el cannabis. Y llevan a cabo su proselitismo a través de ahondar en las subjetividades. Esas historias que Chucho analoga con Corín Tellado y Decisiones. Pues cuando no creemos en razones médicas, ni científicas, ni históricas, ni sociológicas, esto es lo que nos queda. Así los buenos somos más. Pero es irrefutable que en Colombia han muerto muchas personas por la penalización, pero no por los químicos de las drogas ilegales si no por la ilegalidad de su uso: por eso hubo y habrá carteles, sicarios, guerrillas terroristas, paramilitares y demás gángsters que no querrán jamás su legitimización. Por eso, si tu quieres un porrito, debes exponer tu vida para conseguirlo.
Cuando Daniel decía que no sabía lo que yo ganaba al escribir esto, me hacía pensar en todo lo que perdía. Sobre todo en mi imagen. Si lo hago es por que no puedo quedarme tranquilo ante tanta insensatez. En dos semanas por fuera del país, no puedo estar un día sin tomarme un café oscuro, sin fumarme más de ocho cigarrillos y sin tomarme una copa de alcohol. El cannabis, a quien recurrí con alegría durante más de seis años seguidos, no me ha hecho falta alguna, lo cual me hace feliz al comprobar su bondad y lozanía. Ojalá pudiera conseguirlo sin meterme en líos ni perder mi capital. Bien sé que el enfisema pulmonar, los carcinomas, la cirrosis y la muerte de mis neuronas vendrán a cobrarme caro todo abuso. Es la libertad de lo que estamos hablando. Es la soberanía del derecho constitucional lo que pretendo afirmar. Gracias a todos por discutirlo.
Silvio.
Te leo desde Buenos Aires luego de descubrirte por azar.
¡Espléndido!
Pueden ser verdades de perogrullo como alguien te reclamaba en un comment, pero si lo son, entonces suscribo no sólo tu post sino la frase de Gide: " En el mundo ya todo está dicho, pero como nadie escucha, hay que empezar de nuevo".
Un abrazo.
Pala querido, tu mensaje ha animado mi visión, aunque no deseo que mis palabras cierren una discusión contingente a nuestro tiempo. Ha sido muy noble de tu parte, sobre todo cuando otras personas usaron este texto para alimentarse y buscar el protagonismo absurdo que siempre han deseado (me refiero a escritores que se visten de liberales para ganar imagen pública).
He visto tu blog y tus escritos, gracias por hacerlo.
Un abrazo a los Buenos Aires,
Silvio Bolaño
Excelente blog, qué buen artículo has ecrito, te felicito tienes muy bien planteadas las ideas del tema tratado.
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