lunes 10 de noviembre de 2008

LA NEVASCA - Fragmento

MNEMOSINE

Almuerzo: sopa de tornillos con verduras y caldo, porción de carne que su madre seleccionara minuciosamente en las promociones del ÉXITO ¡no fuera a ser que se filtraran los demonios en las neuronas neuronales, trasformados en gusanos! Y una porción de arroz blanco acompañada por la exclusividad de la mesa: Las tajadas de plátano. De sobremesa lo esperaban el jugo de mango y su bocadillo beleño con queso cuajado. Se llevó una cucharada a la boca mientras pensaba en el compañero al que le había crecido un gusano en las neuronas por culpa de la carne de cerdo. También tenía él un gusano que había germinado ¿para qué alarmarse? ¿Puede la carne engendrar otra cosa? El Poncho hablaba con una solemnidad escalofriante de la dignidad de albergar vida en él: Quería tener piojos, liendres, garrapatas, niguas, solitarias. Se parecía a Andrés Caicedo. Eneas decidió que la diferencia radicaba en que su gusano mental ejercía sobre él un efecto contrario – directamente proporcional -, al del gusano trifásico de Marco, quien al regresar de su incapacidad no pudo recordar jamás el nombre de sus compañeros de curso. Gusanos propios de la carne, mis gusanos: - ¿Qué efecto teológico resultará del gusano mental comiéndose los axones que conducen el ovillo del alma en las neuronas del sujeto? ¡OH cogito! ¡OH ergo! ¡Qué problemas teológicos devienen de tu solemne máquina maquinal, Hermano Cartesius! Menos mal que aquella carne sin mácula que almorzaba no le atraería tal desgracia a su alma, deudora ya de innumerables diezmos a la iglesia de Roma. La que, entre otras cosas, anunciaba la misa de seis en las campanas de la remodelada parroquia. Tragó velozmente la mezcla del queratínico poliedro de guayaba y del blando cuajo de leche de las vacunas reses de La Gran Antioquia. La hipoglicemia no lo preocupaba. Se despidió de su madre y tomando el morral se lanzó por las escaleras del Tauromoira pensando en cuánto dinero necesitaba y en que Fronda lo debía estar esperando en el puente de la Hueso. Eneas, cabalcante, vuelve a su sueño chocante de las nieves y de las jeringas mientras cruza la Floresta entre intranquilo y seguro al pensar que la impuntualidad era una de aquellas pocas cosas dignas que había aprendido entre los padres reverendos. Fabio también había aprendido sus cosas y vea pues qué muerte ridícula en medio de una borrachera con sus amiguitos de farra de Administración: Jugaban en una chivita por las montañitas de Eleusis, habiendo bebido del aguardientico de Eleusis e ingerido de las pepas de Eleusis cuando se vino todo el peso de los colores del circo sobre esa cabeza tuquiecita de álgebra y cálculo y trigonometría y ni qué decir. Premio Andrés Bello: Orgullo paisa. En el parque de San Juaquín estarían los emboscados. Ella lo esperaba en el puente de la canalización, el que les construyera el ÉXITO en la cara a los franceses para robarles sus clientes desde San Juan y que enhorabuena ha servido de centro nocturno de la jetset local, entiéndase los empalados del puente. Pero los emboscados no reprocharían su uso del tiempo como Fronda, cuya actitud era sin duda más tediosa que la del Hermano Prefecto de Disciplina SJ., quien lentamente movía la cabeza mientras el filo de su sonrisa socarrona le repetía contundentemente: - Hermano Eneas, Hermano Eneas, usted nunca va a cambiar, madrugue a las cinco... Entregándole una imagen de autoridad justiciera pero quebrantable, al fin y al cabo cómplice de la costumbre. La verdad era que estar contra el tiempo le resultaba fascinante y además ¡Qué le importaba madrugar a las cinco de la mañana!: Aire fresco, la hora de la luna y el sol, alba brillante, bichofués cantantes, loras parlantes, flores de palma de abeja sobre el humus con rocío y niñas que bajaban con cabellos mojados transparentapezones en las camisetas blancas del Marco Fidel. Presentarse a la Coordinación de Deportes, donde el plusmarquista Coordinador de ombligo dicotómico – perdón por lo borgiano: pero todo tesis y antitesis en su ombligo es - lo anotaba en una lista y entonces irse a la virgen de la esquina de la cancha y acostarse en el pequeño espacio de la gruta, entre el perfume, las pepas y los gusanos de los frondosos laureles del colegio, a pensar en esas chicas del Jesús María y de Las Vegas que sí conocía y que hacían uso de escurridas tangas bajo las faldas de cuadros y pepitas blancas y escribir sobre el techo de la virgencita, con una tiza roja: “Eneas y Mónica” “María Paula y El Rey”... ¿Cómo no amar ir contra el tiempo? ¿Cómo no amar entrar en lid contra el que deteriora las cosas y aún más, contra los horarios esclavos de su humana ralea?
En la esquina de los gatos, entre la peluquería y la tienda, las guacamayas ríen entre las flores de guayacán amarillo mientras el bobo de la esquina, veterotestamentario bobo de ventripotente panza y rictus bélfico quien coquetea a las niñas del Teresiano y de la Enseñanza y chifla y mea en los andenes y saluda a los vecinos al pasar, se dirige con su ebrio tono a Eneas para pedirle cigarrillos de los que no dan gracia. Eneas le da. Encuentra al tendero y al peluquero. Los saluda. Fronda está sentada en el cerco del puente que atraviesa la quebrada hacia Carrefour. Le sonríe. Ella camina rápido, adelante. Atraviesan San Juan a la hora en que el ACPM de las busetas coloridas se mezcla con el olor de la humanidad trabajadora engendrando un aroma insecticida que se levanta por la avenida teológica y empolva postes, faroles, jardineras, carboneros, ceibas y guayacanes terminando al interior de las narices y orejas y poros de Fronda y Eneas, quienes esperan entre semáforo y semáforo a que el muñequito se ponga en verde para cruzar hacia la bomba de gasolina, rumbo a San Juaquín. Compran aguardiente donde Baco y caminan hacia los emboscados que esperan en el parque, tras los chicos skate. Menos mal nunca había sido un chicoskate ni más extremo que en las caminatas locas por la ciudad y el campo: Mire usted cómo son las cosas que uno ni se cuida y es a ellos a los que les pasa cacho. Como al Mono Cardona, campeón de atletismo y natación, que el primer día de las fiestas ignacianas se tiró por Las Palmas a las cinco de la mañana y de frente se fue en su bici vidabajoarriba a un bus de El Retiro, a donde partió dejando su colección de medallas en el cuarto y un mártir más para nuestra sacrosanta promoción. Ahora creo que el problema se debe al efecto de la doble negación del plano cartesiano, nuestro soberbio reto de la causalidad. Por eso Guido y yo decimos que todos están muertos y cuando nos vemos con alguno y manda saludes le digo irónicamente que nos espantó. Pero a mí nunca me han espantado ni Fabio ni el Insecto ni el Mono Cardona ni ese man del 97 que se explotó como Ricaute en un laboratorio de EAFIT, por eso me les adelanto y los espanto siempre que puedo para ver si se apiadan de mí y me dan un poco de seguridad en éste valle lagrimero.
Tras los chicos skates está el lado del parque de los guayacanes amarillos y rosados y los helicópteros y los pipís de bruja, los chupa – chupa, el carbonero y el esplendoroso casco de vaca. Fronda se sienta en la banca donde están Boca y Cardenio. Cardenio es la alegría de Fronda: su lozana picardía le refresca el atormentado corazón. Y así mientras toman aguardiente es que Boca cavila al lado izquierdo de la banca, el del corazón de Fronda y Cardenio, quien habla de su ensayo y de su poema libidinoso de las ubres y de las criadillas frente a un despistado Eneas que, de pié, asiste aturdido al animado diálogo de la concurrencia. El tono licencioso de los versos le causa gracia a Fronda que ya lo invitaba a releerlo cuando se dan cuenta que entre cháchara, juego y cuasimentir se han terminado el anís y así es que optan por bajar a conseguir la otra. Fronda y Cardenio adelante de Eneas y de Boca, quien los animaba a bajar hasta La Polonesa, en el parque Bolívar, cuando frente a la gruta de la Virgen del Carmen la carreta hace su aparición.

LOS EMBOSCADOS...

De las tradiciones que intentan establecer las causas del fenómeno por el cual hicieron su aparición, ninguna se abstiene de interpretar su acción en el Metro como un punto de partida; cuestión que logra atraer la ilusión de tener un fácil y tácito camino para el plan de un discurso academicista, lo cual embolata posiciones estéticas que a la larga terminan por darle, como siempre, la razón a Wilde. La escuela positivista, por ejemplo, concluye que su aparición se debe a la evolución sincrética de la expedición de Humboldt y los ritos malabares de los aborígenes del sector. Esto, continúan, explica el que el acto en los rieles del Metro contenga, además del Manifestum terrorum emboscatum, caracoles y flores que evidencian una estética lejana a los movimientos europeos de avangard, sea intelectuales o plásticos. Más cercana, cómo no, a esa orfebrería cabezona del Etnográfico Miguel Ángel Builes. La imagen se la debo a Mr. Tylor. La escuela neorrealista, por su parte, se acerca al develar el carácter aristotélico del movimiento cuando afirma que detener el paso del tren con la manifestación plástica se debe al ánimo de suspensión del evento predecible. Su eureka, sin embargo, se diluye cuando atañe el hecho a la influencia que en los bajos círculos literarios - aunque frecuenten el Poblado ó La Superior - ha tenido la promocionadísima y ES-PEC-TA-CU-LAR literatura de la sicaresca, cosa que no hizo más que indignarlos a todos y sobretodo a Mendía, quien escribió un elogio a Sofía Loren que todavía está dando de qué hablar en las vecindades pontificias. En el panorama local sea dicho que la reacción de los reformados nadaístas no suscita interés alguno para la disertación, como sea eso lo manifestado. La forma en la cual trataron los medios locales la intervención fue sin la menor duda más escandalosa que estética y tampoco da punto a ser presentada. Estos casos comprueban el amaneramiento del medellinense ante los fenómenos de estilo; los cuales entiende como estados de supresión a la forma inmóvil del motor contingente al Dios barroco al cual debe la cédula Real de su Villa de las Candelas. Sucedía igual con Emito Castos y con Eric Fjordson. Lástima lo de Gonzalo Arango: su vuelta al ovillo confirma que a nadie le basta únicamente con la negación. Eso es todo. A la iglesia romana no le interesa que volváis o no, poetas malditos, sucede del mismo modo con los maricas de Europa: Si no queréis andaos, pero ley es ley. ¿Para qué queréis cambiarla? Pregunto con ahínco. Nombrad de papa a Fernando Vallejo y así todos contentos, nos valen un pepino. Y aclaro que la comparación sólo evidencia el tono del exilio de la poética, por la cual desde que Platón condenara a los vates a la negación, tras su República ideática, su posibilidad parezca ser la de tirar pal monte. Fundar su Otraparte. Emboscada como en Virgilio ó en Dante o en el canto del pequeño Taliesin: El brujoniño citado por Graves en La Diosa Blanca, padre de Merlín, quien roba a los bardos el habla para darles a entender el enigma de la creación. Lo confirma el que cuando los policías llegaran con sus bolillos a retumbarles los sesos y rascarles las ánimas con los rascalmas de electricidad, los emboscados siguieran leyendo, tranquilos, cuando les quebraban los anteojos y las narices y los metían en los huevospolicía hasta la estación, donde encantaron a los reos con sus extraños cantos de diatriba. Al fin y al cabo lo había pronosticado Don Calixto Muñetón en su discurso de las doce del día, cuando dijera con su acostumbrado tono picarón: “Sí, mi querido amiguito: Acá, el que quiere volar como usted... chupa.”...

LOS EJES DE MI CARRETA

Esto leía el barbirrubio cuando ella chutó la naranja que el niño le había pasado desde la carreta, al lado de la gruta. Eneas recordará que algo especial había notado en esa reacción de Fronda y no se trataba únicamente del chute por el cual desmitificaba el hecho de que las mujeres no doblaran las rodillas al patear un balón, aunque no fuera balón sino naranja, sino de la trasformación que había sufrido su rostro por un segundo, más rosado y joven de lo normal, en el momento en que se había dado cuenta que se encontraban ad portas de un suceso importante. Y encontrarle algo nuevo a la persona amada después de tres años es algo que causa emoción. Pero ya Fronda le sonreía al niño y respondía que no, que qué iba a ser maleducado si sólo quería jugar y él que no señorita, que en la calle las cosas funcionan de otra manera y que había que tener mano dura con ésta juventud y ella que ¿sí? Con el tono que pone cuando se encuentra ante algo que no le funciona y necesita cambiar, aunque se trate en un desconocido carretillero. Y cuando le preguntó cómo se llamaba Cardenio me miró y yo a Eneas y a Boca y así al acercarnos era que Fronda ya estaba escuchando la vida de Don Juan de Dios Bolívar de los que lucharon por darnos La Libertad arriero y bebedor de aguardientico pues eso sincero sí y con mis vicios que ¿de quién voy a esconder? Ese culicagado que está acá es mi hijo y en ésta carreta llevo a mi señora. Y la señora levantó una mano de abajo de la sábana que cubría la carreta y luego sacó despaciecito su empañoletada cabeza y nos sonrió hermano como quien se levanta de un sueño pero siendo sueño de otro, quiero ser claro: Se levantó como nos vienen los recuerdos: Arrojados del otro lado por una imagen o una palabra del más acá. Entonces Fronda que vea que nosotros estamos buscando aguardiente y él que se ríe y que sí ve mija sies que hay gente muy de buenas en éste mundo demente y ella con un poco de terror que sí papi cuando él levantaba una tapa de la carreta para dejar al descubierto la más encantadora caleta, más que las lujosas y estrafalarias caletas del supervillano Escobar y de sus archienemigos de la Poli, mientras yo me sentía Aladino descendiendo a la cueva para coger el tesoro del Magrebí; pues se trataba de una cavidad entre tablas en las cuales nuestro Juan de Dios Buendía almacenaba por lo menos veinte medias de anisado barato y varias filas de copas plásticas recicladas -las que no aceptamos, por supuesto-, pero lo que bastó para granjearse nuestra amistad y sobretodo la de Cardenio quien chistaba ya sobre la importancia de llevar la casa a cuestas como el caracol y la tortuga, aunque llevara algún veneno como el escorpión. Eneas era Escorpión. A Fronda la animaba escuchar historias de personas que, al fin y al cabo como todos, habían sufrido, pero que nunca volvería a ver. Sentía que de alguna forma les aliviaba su peso. Al libre Jhonn su pelo le daba un carácter espantoso, saliéndole esponjado como a los futbolistas afro de España 82´. Llevaba una camiseta sisa y sus peludos brazos dejaban ver la titánica corpulencia del hambre en la región andina, mientras su cuerpo expelía un olor a sudor pegado sobre el sudor. Gente linda de Colombia. A nosotros nos gusta tratar bien a los invitados ¿o no? Preguntó a la señora mientras destapaba la primera y sírvale mija al peludo de allá paque se le quite esa cara de tristeza. La hospitalidad: Areté antioqueña. Esto obviamente tras brindarle su aperitivo matasolitarias a la señorita Fronda, quien también repudiaba la cara de Eneas que para hacerle malambiente no tenía igual. Y ella con ese tono de niña del Sagrado Corazón que qué va que ese tiene esa cara todo el tiempo y entonces no me tocó otra que hacerle caras para que no le parara bolas pues cuando Eneas le para bolas y se pone á hablar nos jode la noche y así le ayudé de paso al buen Juan de los Ríos del ardiente Dios de la gran Antioquia a recuperar el hilo del monólogo que al monologar lo llevaba a Palestina, Caldas, cuando se fuera de casa por no ver más a su padre violar a su hermanastra: De donde fui a conocer la vidabuena hasta que me encontré con ésta, señalando a la señora empañoletada, durante una borrachera en Aguadas. Y así entre piche y beba fue que terminamos con éste culicagado en Medellín, quien en ese momento jugaba a la naranja ¡chino malcriado! Y ella que no le grite que sólo quiere jugar y él que pasen la segunda y vea mija questas medias ni dan un brinco, abra la otra para atenderlos mejor. Cosa que la señora hizo un tanto mucho muy aterrada, tratando de mantener al culicagado consigo. A mí la gente me pregunta que qué, que por qué ando así común caracol y yo les digo questa noes tierra y questa es mi casa ¿me entienden? La mayoría tiene casa pero no tiene tierra y los que tienen tierra casi ni tienen casa. Por eso les digo que qué tierra que qué casa y que yo tengo en mi carreta a mi nación y eso a la gente le entra en gracia pero el otro día me dieron bala en la regional que nos cogió una moto y ustedes qué hijueputas y yo cómo que qué no me ven con mi familia y hasta ahí estuve común caballero porque yo soy caballero hasta que se meten con mi familia ¿me entienden? Pero cómo no cuando van diciendo queso noes familia que echara pal centro que no andara más y yo quescuchoeso y empiezo a decirles del parecido que tenían con los micos del zoológico con la diferencia de que el culo de los micos olía mejor que la boca de los tombos y ellos que me cogen a bala y por el cristo no morí. Así es la democracia. Historia a la cual poníamos nuestra energética atención, exceptuando a Fronda, que se entretenía coqueteándole al niño. Eneas, por su parte, miraba los movimientos de ella intentando captarle una mirada, mientras nosotros celebrábamos la hazaña del buen Juan brindando con la cuarta copa. Creo que esto último fue lo que incomodó al auriga bolivariano, despertando el rayón mental del buen discípulo de Cristo que, de un momento a otro, tomó con rudeza las riendas de la carreta y comenzó a caminar con velocidad, furiosamente, resoplando independientes bocanadas de Libertad por bocanariz y ojosencendidos pupilas crecientes entre los ríos de las pequeñas venas que se agudizaban mientras insultaba a diestra y siniestra a los ladrones que le querían robar; ordenándole a la señora empañoletada que arrancara al niño de las manos de Fronda y lo atrajera de nuevo hacia el hogar: Coja a ese chino vieja hijueputa ¿no se da cuenta de cuánto malparido hay por acá? Nosotros, aterrados, lo seguimos escuchando con su diatriba planetaria mientras veíamos cómo la carreta se alejaba con su trac trac trac aún después de que la señora viniera a despedirse con el niño de la naranja, trac trac trac las cosas siempre terminaban igual, por la virgencita del Carmen trac trac trac.

LA POLONESA

Escucho a la gente hablar sobre el amor. Leo lo que alguno escribe sobre el amor. Escucho a Fronda hablar con propiedad de él y... Ningún poeta hablaba sobre el amor, ninguno sobre. Dante cantaba al amor certeza del amor. La psicóloga pelirroja me pedía que le hablara del amor para su tesis de pregrado en Bolivariana: Yo me acerqué al jardín y le arranqué una flor. Ella se puso colorada, la apreció. La guardó en el escritorio. Con el tiempo se disecó. Dante dice que la visión es saeta y la visión no es sólo, nena, los ojos. Psiqué le quiere, lo dice Apuleyo, lo confirma Diotima en la mirada de Hölderlin. Yo le traduje el poema de Dante y le dije que los paganos sí eran duros, nena, pues entendían a Eros no en forma humana como los romanos sino como semen y lluvia y esa Teogonía sí era fisiológica, nena. Y ella miraba como perdiéndose en el rigor de su anteproyecto y quizá por eso a la larga terminó fracasando ante el descifrar algún enígmaton, cambiando de tema de tesis. Es una pena que no hubiera entendido lo de la flor. Pero es que Dante, Fronda, no necesita hablar sobre el amor sino que lo nombra y le habla, porque éste le sale al paso y le pide y le arroja y entonces, cómo no, le debe cantar. Es un gran demonio y ante eso ¿qué opinar? ¿Qué decir del Buen Juan y de su señora empañoletada? Ó ¿qué decir de Dante y de Beatrice y de Augusto y Cleopatra? Y ¿qué de Cortés y Malinche y de Penélope y de Ulises y de Verlaine y Rimbaud y de Ginebra y Lanzarote y de Teseo y Fedra y de la cuernuda de Ariadna? ¿Qué de Romeo y Julieta y de Bolívar y Manuela y de Efraín y María y de Abelardo y Eloísa y de Fronda y Eneas y de Horacio y La Maga? Por eso Eneas estaba aburridísimo sorbiendo su ginebra con el pitillo revolvedor, sentado en una esquina de La Polonesa mientras Cardenio y Fronda discutían posiciones contrarias sobre El amor en la pareja de la carreta.
Cardenio quería leer el resto del ensayo pues en éste había un análisis del poema del gato con boato y por eso esperaba cerrar cuanto antes la discusión. A Boca no lo preocupaba para nada. Como yo pienso nada sobre el amor entonces digo nada. A mi espalda estaban las ventanas que dejan ver el Parque de Bolívar y la Catedral Basílica Metropolitana: La manzana ombligo de la República colombiana y de la Religión del Amor. Ombligo que en el altar mayor cunde de espíritu del verbo, llenando en su extensión los resquicios de cada rincón del pueblo. Dante sabía que hablaban sobre el amor. Y acá en el Templo sí que escuchaba hablar sobre el amor, de rodillas ante la trasformación del cuerpo y de la sangre, mientras pensaba en la carne y el espíritu siendo Uno en mí. El incienso subía del sonajero que agitaba el monaguillo y el humo espeso era iluminado por la lámpara del ala derecha produciendo aterradoras sombras chinescas sobre el majestuoso cuadro del Nazareno, en la Catedral. El humo era un espíritu esplendoroso entre los vitrales que consignaban la pasión de Nuestro Señor. Y la conciencia abierta como una segunda revelación del fisiologoi: Somos la misma cosa. Segundo aforismo posmoderno. Dante también sabía que sólo hablaban sobre el amor. Y acá también hablaban sobre el amor cuando sonó la bomba del CAI mientras rezaba para que la Selección Colombia ganara en el Mundial de Italia 90` y los ladrillos se retorcieron pero los toros de Pepe Sierra sí eran animales buenos y oremos juntos Hermanos y a la salida supimos que era el intrépido Pablo Escobar quien había volado en mil pedazos la estación frente a la cual un ladrón fracturó el fémur de mi abuela. Femuri fèmme siempre rota por los ladrones: Mira que los años han pasado y afuera el travestista aprovecha la fiesta para ganar audiencia y ya está viejo y huele a palosanto y a sudorosa gleba y a ACPM y a nicotina y cannabinol y es entonces que acabando el ginebra me entra la hipoglicemia en la pálida del anís de la carreta y no acabo de pedir otro trago en las rocas y el tango ese que siempre suena en las cantinas de Medellín cuando es que me vienen las sorchescas e itifálicas ganas de vomitar. Será, Madre, tu ausencia.


LA POLONESA II

El movimiento. Amo la cuerda que lanza la saeta del violín: Ella no sabe que el diablo reza mientras las ondas del arco de Paganini cruzan su espina dorsal en Do, Re, Mí, Sol que atraviesa mi espejo lunar para significar lo que quiero decir, Sí. Por eso el Narciso de la cloaca atisba en sus entrañas siniestras las bondades de un alma en Fa que se levanta de los tornillos de Bernini entre la bilis que le extrajo del ómphalos su libertario aguardiente de anís. El pandemonium estomacal lo auguraba, pues el almuerzo (en positivo) y el anís de Lautremoc (en negativo) habrían de explotar en cualquier momento, lo decía el padre de casa. Y más cuando al anís de Lautremonc le había añadido aguardiente de Villon y ahora le daba por aderezarlo con la ginebra de Rimbaud y tan tan tan, tocaban. Ni que tuviera los cinco estómagos de la vaca multicolor. “Pero estoy lejos de ti/ sin saber donde estarás...” Eneas estaba en el baño de muchachas.
No sin pesar por verse obligado a deshacer su contemplación, lanzó inmediatamente por el agujero negro del water - ¡OH la implotación! - los tornillos romanos del almuerzo y las tajadas de plátano y el queso del monte cuajado y el bocadillo de guayaba y el jugo de mango mezclado con el luciferino alcohol que había ingerido, como Don Renacuajito, al encontrarse con los ratones fuera de casa. Tan tan tan, volvieron a tocar. Eneas se lava la cara y limpia el borde del baño y abre la puerta. La mujer que tocaba le dice un par de cosas en su extraña jerga y Eneas baja los escalones mirando hacia la mesa pero en realidad dirigiendo su visión a un punto más allá a un agujero negro del más allá en el cual se encontraba su renuncia a ese cielo y e infierno de Loyola. Porque nada malo o bueno había, lo sabía, sino a partir de la mirada. Y qué de malo había en tomarse unos tragos con sus amigos y su novia, hablar con la gente, escribir. Y qué de malo había en no haber sido Presidente, como lo habían inducido los jesuitas: un verdadero Presidente godo como Marianito o Belisario – que también era poeta, como él -, ya que Juan Gómez no pudo coger las riendas del partido en propiedad, como lo habíamos pensado. O un caricaturista famoso como Rendón, el que se volara la caja de las gríseas podres, la blanquecina trenza menálica de un pistoletazo más. Qué de malo había en querer seguir los pasos de Eusebio, pero perseverar. ¿Cómo lo haría? Seguramente no Eneas vomitándote en el baño de muchachas ni gritando en la mesa que vos ya es que te vas que todos son unos ineptos por no querer llevar a cabo el ataque en el Metro ni levantándote dejando sólo nueve mil pesos ni llegando a la puerta de La Polonesa para desplomarte y hacer que Fronda te lleve hasta el taxi que te ha de conducir a tu cubil. Bueno, salimos del Paradiso y el buen Dios se quedó consignado al interior de tu retina, de tu dedal. El Diablo asecha mientras dices ya.

LA CASA GRANDE

Arrobado entre el sopor del ginebra y la glucosa, la trenza de neuronas y axones de Eneas acuña su angustia en el recuerdo de un pasaje de Ezequiel que leyera repetidas veces ante el micrófono durante las misas del colegio: “El día diez del mes, que es el día de año nuevo, el señor puso su mano sobre mí, y en una visión me trasladó a la tierra de Israel.” Ezequiel 40-12. En la casa el Señor entra porque el espíritu del Señor es el espíritu del altar de la casa. Ese es el Templo. En la Tierra el altar, el altar en el Templo y el Templo paralelo al Templo de la Jerusalén del Cielo: La contemplación del Pueblo de Israel. La Kaaba también reposa en el corazón del murmullo del Cielo. La Mezquita aprisiona el símbolo que atisba el peregrino hasta su negación en positivo, su Iluminación. Porque Alá es misericorde y la Kaaba sana el corazón del hombre. Y en las vías a La Meca mueren los mártires peregrinos pisoteados por la multitud.
Muctezuma a punto de morir confirmaba esa intuición: Quetzacoatlh no había llegado tras los vientos de las casas flotantes. Ellas venían desde el otro lado de la mar, pero los nigromantes no fallaron: Diez años antes Muctezuma vio un tornado en el horizonte del golfo de Technotitlán y mandó entonces a apresar sus magos. Les ordenó que descifraran el augurio de la mar. Se dice que los nigromantes mintieron a Muctezuma: Dijeron que llegaría la serpiente emplumada y lo que llegó en cambio fué el Rey de la Península con sus legiones de grebas y peplos y espuelas e invitaciones cordiales a comulgar. Pero los nigromantes le mintieron a propósito para evitar un destino peor: “Los hijos del maíz crecerán bajo el antiguo reino”. En el Zócalo de Ciudad de México la Catedral también anuncia el resplandor que oculta la laguna con su inmarcesible Torre de Babel. El sueño de la razón produce monstruos. E insectos.
El arte fulmina el escandaloso aullido de la modernidad: Bolívar atentísimo, Simón Rodríquez a la espera de que finalice la coronación de Napoleón. No moría en la corona el sueño de la República: Construir un Imperio más grande y alejado de Europa, en medio de la mar. Una República liberal, católica, colonial, barroca, en el Virreynato inmenso. Es este el sueño de Kingston, el del libertador.
Valle todo en el norte el monstruo de monte consolante y el río serpenteante pintando el desagüe del sueño industrial que todavía sueña con la Casa Grande y con sus praderas hasta el centro que La Loca quebraba libre desde Santa Elena y qué grave suena la voz del hijo de sus almenas: El Nutabe declaró que sabía quién era Atahualpa y entonces fue empalado por Robledo y arrojado al río insecticida que se ve bajo el puente de la calle y cruza la ciudad y eso fue antes de que llevara el título Real de Nuestra Señora de las Candelas y antes también de que Don Pepe Sierra se convirtiera en prestamista del Banco de la República y antes de que el Dr. Emilio bajara en silleta desde Salamina con su esposa e hijos y antes de ver la Casa Grande con sus cuernos y sus mangos desplomarse mientras buscábamos a quién se la vendíamos cuando Pablo desafiaba a la Policía Internacional y mire usted que ahora un rascacielos nos impide coger los globos en las mangas durante el día de las velitas. Entonces vuelan a incendiar los grandes techos. Y tras el término en quien la serpiente dilata el tiempo hasta el camino de vigilante y mangos, mirando el cielo electrificado de Medellín, el joven Eneas conserva su salud crónica en el taxi de regreso.
Qué no daría mi lengua por un símbolo puro de tu joven mortecina apilada. Este es el segundo intento: Somos la misma cosa. En la Via de la Paloma, sobre el puente moderno entre el centro y Otrabanda, la ruta de gallinazos canta su celebrado proemio a la exclusión: Tu sueño milenario acompaña desde niño mi trasegar. No miro la tumba, la naturaleza es religiosa: Antígona. La Catedral permanece iluminada. Pero hoy es 20 de Julio y sobre el puente veo el camino en el cual se prostituyen unas negritas de Apartadó, unas negritas con culos y tristecitas de Apartadó en el camino del río donde los clandestinos prenden candeladas con llantas y árboles y restos del cerco que puso el Municipio de Medellín. Desde acá puedo ver la casa imaginaria de Rubén Valladares, quien nos explicara en el parque de la Academia de Historia la condición natural de su Tai Xiú (Filosofía oriental): La trasformación se da cuando te parás deste lado. Mi madre partió en barco desde Génova, escapando al hambre de la Primera Guerra Mundial. Mi padre se embarcó en España - Valladares de Valladolid -, La boda se concilió en altamar. Y vive a una cuadra del puente Colombia porque dice que en La Argentina murió la moral – eso es cuestión de economía -. Fronda, tal vez la mía sea también una casa imaginaria que sólo vos y yo podemos ver: Mi Casa interminable de Patio Bonito, con álamos y ceibas y alfombras y un cuadro del Sagrado Corazón y otro de San Gardel. Casa que ningún general conquistará a su paso por el desierto. Y que en su soledad construirá cuando consiga regresar a su cama en el cubil del Tauromoira mientras se jure no volver a tener las pesadillas de las nieves y de las jeringas, tras ese intranquilo sueño cuando se descubra tirado al alba en el antejardín.

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