viernes 14 de noviembre de 2008

DIZQUE NADA - Lecturas de la obra de Gonzalo Arango: Un profeta del amor


La nada contra la pared

A veces los profetas vuelven a la tierra. También sucede que, en ocasiones memorables, el hombre puede escuchar sus palabras y trasladarlas a un estado místico de su razón, con lo cual suele gozar profundamente. Para ello basta considerarlas: poner su lenguaje (nacido de nuestra nada lógica – semántica) al servicio de amistar el universo.

Las lecturas que provocamos a continuación parten de una extraña mezcla entre la necesidad frívola de celebrar las bodas de Oro del Nadaísmo, y la fascinación por desentrañar las ideas que hicieran de Gonzalo Arango, su Profeta, un escritor rodeado del aura mítica del culto juvenil, propio de pocos autores colombianos como Andrés Caicedo ó Rafael Chaparro Madiedo.
Teniendo pretensiones políticas que los dos anteriores no abarcaban, Gonzalo comparte con ellos el haber muerto relativamente joven, dejando una obra por escribir; se trata de esas estrellas fugaces que pasan dejando su brillo para mezclarse en la eternidad, consumiéndose en la belleza luminosa de sus destinos.
Romántico y por ende de alma filosófica, murió en un accidente de tránsito cerca de Bogotá, cuando no había llegado a los cincuenta años, dejando al Nadaísmo instaurado en la literatura colombiana como una medicina intravenosa. Y con la revelación de su Nada tanto a amantes como lectores, detractores y amigos. A estos últimos, a Jaime Jaramillo Escobar, a Jotamario, Elmo, Juan Carlos Vélez, entre otros, debemos el poder contar con su furiosa síntesis poética.

* * *

Estas lecturas intentarán arrastrar a la Nada hacia la pared. Esa que, envenenado de Porfirio, Sartre, Fernando Gonzáles y Nietzsche, el Profeta se empeñó en gritar ante el rostro de la pacata sociedad colombiana, la cual entró en shock nervioso ante su estúpido slogan publicitario de: “somos geniales, locos y peligrosos”… Encarcelándolo en vida y mistificándole en el silencio de la industria editorial post-mortem.
Gonzalo (el de tonterías frenéticas como hacer una quema de libros en La Plazuela San Ignacio…, ese que estuvo a punto de ser abogado de la UdeA y no lo fue, dándole rienda suelta a su endemoniada y alta necesidad epimeléica de construirse a sí mismo), es más recordado por anécdotas irreverentes y frases como: “La marihuana es el opio del pueblo, por su bajo precio naturalmente”, que por su obra literaria y periodística.
Y es que su poder panfletario le concedió fama de rebelde desde temprano (luego de su renuncia a la política de partido: tras la derrota del General Supremo, del cual era adepto en su mocedad). Situación de la cual es consciente y por lo que se regodea, como un dandy, describiendo las proezas irreverentes de su grupo de amigos, así en poemas como relatos. Su creación, sin duda alguna, estaba destinada ahora a cierta acción civil a través del arte, a una política de la amistad.

“…Desde nuestra aparición nadaísta en el infierno de la sociedad colombiana, ha crecido una rosada ola de maldad en los espíritus. Una oscuridad terrible se cierne en nuestros corazones que encarnan el peligro de un nuevo amor hacia la historia… Hemos gozado de la admiración frenética de la juventud que ve en nosotros la encarnación de un oscuro heroísmo… legitimamos una vez más el sentimiento de que era el hombre el eje inútil del Universo, y consagramos nuestra vida a rendirnos una adoración limitante con la idolatría. A partir de esta reivindicación de nuestras prodigiosas desilusiones hemos emborrachado nuestras calaveras hasta la locura… Hemos blasfemado en el silencio para que retumbe la voz en los nidos de los rascacielos y golpee con furia las ventanas de las habitaciones donde se reza o se copula… Hemos prometido la desesperación y la muerte porque la felicidad y la vida son heredad común de los idiotas y de los cocheros… Somos partidarios de las guerras termonucleares y de las armas radioactivas, y estamos políticamente de parte de la potencia que quiera estallarnos como un botón de rosa en el primer día de primavera…"

Amante del pasquín y del manifiesto, fue condenado por la sociedad colombiana a pagar cárcel en la terrible prisión de La Ladera, Patio 3: el de los desgraciados. Hecho memorable, tras haber lanzado junto a sus compinches un panfleto irreverente en la inauguración del Congreso de escribanos católicos. Así, secuestrado en un bar de Junín, Colombia se vengaba de la irreverencia de su Profeta enviándolo a la muerte. Sin juicio, abogados, ni código civil.
Esta injusticia le concede verosimilitud a su gesta: Con ella su rebeldía cobra un lugar verídico dentro de la sociedad represora. Y, puesto que la Nada no merece represiones, esto evidencia que esconde razones de peso. Y un Ser como antípoda contingente.
Humillada, la imagen del joven marihuano y putero trasciende a la de mártir y redentor, cercana a la de Jesucristo, quien será el símbolo divino de su poética posterior:

“…Pues yo era el símbolo peligroso y visible de una generación protestante que se había erguido con ademanes escandalosos y convulsionarios contra los mitos, las coacciones, las servidumbres y falsificaciones de las respetables y decrépitas tablas de valores de una cultura colonial, politiquera, mercachifle, dogmática, fanática, curulera, confesional, analfabeta, lambeladrillo, fetichista, anquilosada, hipócrita, virtuosera, prostibularia, pordiosera, etc., viviendo resignada y plácidamente al margen de la historia… Por lo cual nuestra generación nadaísta, a nombre de la vida y de un cambio de valores en la cultura, fue condenada pomposamente con el descalificativo moral de “Generación degenerada”, para defender de los bárbaros iconoclastas la beatería reverente, el orden tradicional, la santurronería, la idolatría folclórica, los huesos sacrosantos de Don Tomás Carrasquilla y los otros osarios de la pléyade de trovadores de la gesta paisa, que a estas horas de la civilización en marcha hacia el Cosmos siguen deificando el carriel con su secreto arsenal de chucherías cuyos símbolos “inmortales”, precisamente por ser símbolos muertos con los que se pretende perpetuar un fetichismo idolátrico, han degenerado la significación que tuvo en el pasado, cuando eran símbolos vivos y correspondían a las costumbres idílicas y a la sensibilidad de la época. Pero hoy, esos símbolos despojados de un contenido vital, no son más que cadáveres enquistados como tradiciones en los nuevos tiempos estropeando el desarrollo natural de la historia, apestando el aire renovador de la vida espiritual, y reprimiendo las pasiones creadores de las nuevas generaciones… En síntesis, nuestra revolución intelectual tenía como sentido rescatar a Antioquia de una tradición mítica y muerta para que entrara como cultura y como vida en el ritmo de los nuevos tiempos; para que tomara de la historia contemporánea lo que le faltaba de su grandeza; y para que a su vez aportara su grandeza a la historia…”

Y acaso: ¿qué era o es el Nadaísmo? Gonzalo decía que nadie lo sabe, ni su propio inventor (o sea él). Y no siendo más se la pasaban entre bares y cafetines entrañando manifiestos en los cuales acostumbraban dar frases contradictorias y frenéticas como: “El Nadaísmo es un psiquiatra aplicando choques de insulina a la Virgen de los Milagros…”, “El Nadaísmo es un regimiento chino invadiendo la Tierra Prometida para sembrarla de arroz…”, “El Nadaísmo es un cohete alunizando en el Monte de Venus de Brigitte Bardot…”, “Se nos critica que no estamos parados en la tierra y tienen razón…”.

Estas contradicciones, quien lo creyera, nos ayudarán a entrar en el universo de lo que puede ser y no ser el Nadaísmo. En este debate existencialista se cuece la operación creadora que leemos. Luego nos ubicamos en la Nada y decimos con su creador que: “…El silencio de una rosa en la noche da más testimonio de Dios que la teología, y tal vez tenga el secreto que la belleza de la palabra no puede nombrar…”


La contradicción ontológica

Aparece entonces una contradicción ontológica sincera: Ser o no Ser. La Nada ó el Ente. Filosofemas ante los cuales el poeta necesita gritar:

“…Va solo hacia ninguna parte
Porque no hay sitio para él en el mundo
No está triste por eso
Le gusta vivir porque es tonto estar muerto
O no haber nacido.
Es un nadaísta porque no puede ser otra cosa
Está marcado por el dolor de esta pregunta
Que sale de su boca como un vómito tibio
De color malva y emocionante pureza:
“por qué hay cosas y no más bien nada?...”
“…Lleva su camisa roja como un honor
Como un cielo lleva su estrella
Como un semáforo produce su luz intermitente de catástrofe
Como una envoltura de “Pall Mall” perfumando su pecho de adolescente.
El nadaísta es joven y resplandece de soledad
Es un eclipse bajo los neones pálidos
Y los alambres del telégrafo
Es
En el estruendo de la ciudad
Y entre los rascacielos
El asombro de una flor teñida de púrpura
En los deshechos de la locura.
Tiene el peligro de los labios rojos y los polvorines
Mira los objetos con ojos tristes de aniversario
Es el terror de los retóricos y los fabricantes de moral
Es sensitivo como un gonococo esquizofrénico
Inteligente como un tratado de magia negra
Ruidoso como una carambola a las 2 de la mañana
Amotinado como un olor de alcantarilla
Es un místico Zen que camina sin temblor
A su condenación eterna
Sobre zapatos de gamuza…”
“…No se suicida porque ama furiosamente fornicar
Jugar billar-poll en las noches interminables
Brindar ron en honor a su existencia
Estirarse en los prados bajo las lunas metálicas
No pensar
No cansarse
No morirse de felicidad
Ni de aburrimiento,
Es espléndido como una estrella muerta
Que gira con radar
En los vagos cielos vacíos.
No es nada
Pero es un nadaísta
¡Y está salvado!...”


Pues en la obra de Gonzalo existe la salvación, así como existen la libertad y el amor. La condición de la Nada, a la cual se ha arrojado el hombre moderno con su racionalismo y religiosidad fanática, es la denuncia de su atroz resentimiento: “…Con gente que no ama no hay nada/ De que hablar sino de nada…” .

“…El Nadaísmo no se fundó para ofrecer felicidad y esperanzas a precios de quema. Se trata de algo mejor: de matar al hombre muerto que hay en el hombre para salvar al hombre vivo que existe dentro de él; y para que una vez rota la servidumbre y liberado, funde en sí mismo, en su propia conciencia el Reino del Hombre, o Paraíso, que no está “más allá” del espacio y el tiempo, ni en la nostalgia, ni en la ilusión, sino ahora y aquí, creíble como un milagro: Este mundo nada más, nada menos, pero mejor que nada. ¡El mejor de los mundos posibles porque en él existo!
Tal es la paradoja del Nadaísmo, señores muertos y señores detectives: El Nadaísmo es la negación de las negaciones…”


Negación de las negaciones: Relación de un menos por menos que, siendo acción negativa, es más. Acción, esto es que vuelve al positivo, a la creación. Voluntad de hacer práctica la labor artística, como una ética o política de vanguardia. De ahí que Eduardo Escobar diga del Nadaísmo: “Manifestación. Movimiento. Proclama. Lo demás, como nos gustaba decir, es literatura…”

* * *

En una época donde el comunismo y el socialismo estaban en auge en su entorno intelectual y universitario, Gonzalo dice que “…La Sociología es ciencia – ficción…” , y no le tiembla la pluma al criticar la guerra, la radicalidad, la alienación mental y el egoísmo que, tan Capitalistas como Comunistas, dividen el corazón del hombre del Siglo XX.
Por eso es que Héctor Rojas Herazo, quien para entonces ya era un reconocido pintor, poeta, novelista y costeño, acepta con alegría participar del movimiento, y dice sobre el mismo: “…El amor, el amor poderoso y animal, el entusiasmo de la sangre, la virilidad y el apetito del Ser quedaban desterrados en esta etiqueta de la derrota… Y esta juventud nadaísta, como es lógico, no cree en el infierno ni en el cielo. Cree en la tierra. Está aquí… No se trata de que esta sociedad se dedique a dibujar una gran caricatura de la piedad. Se trata, eso sí, de la auténtica caridad. De esa que anhela transformar, de la raíz a la copa, la equivocación del hombre. Y eso – transformar al hombre – es la labor que están cumpliendo en Colombia los nadaístas…”

La oscuridad en el concepto del movimiento lo asemeja a cierto existencialismo tropical, moderno y urbano, fruto de la decepción de la ciencia y del logos asesino, de la religión represora y la belleza tradicional como fórmula para esconder la sangre y decadencia de la moral. Sentimientos que, siendo también cercanos a la juventud de hoy, no parecen atormentarnos. Y si nos atormentan, la necesidad de acción y la voluntad de manifestarnos parecen tan lejanas como inauditas.


“Para un nadaísta la estética es una trampa de ratón: hay que saber elegir la forma de roer el queso sin quedar atrapados. La libertad estética es, quizás, el único valor fundamental que “rige” en la literatura de los nadaístas. A partir de este derecho absoluto que inspira nuestra creación, todo es posible, puesto que para nosotros no existen la verdad, ni la belleza, como categorías absolutas. La libertad es un fin que nos une en la aventura literaria, pero el uso de esa libertad es un medio que nos separa, que nos lanza a la soledad para conquistar nuestra individualidad artística…Dentro de sus posibilidades absurdas, un general, un presidente, un banquero y un bandido pueden ser nadaístas, aunque en un plano más místico y delictivo lo sean el poeta, la ramera y el santo… Por eso, para no limitar las aspiraciones de liberación del ser humano, el Nadaísmo se abstuvo de formular una estética, de instaurar al espíritu un nuevo régimen de coacciones morales, y al arte nuevos esquemas preceptivos. Ante todo, su propósito fue ofrecer un ámbito desintoxicador, ser un movimiento de expansión para el libre desarrollo de la vida, de sus impulsos y sublevaciones… Postular una estética como finalidad de esta explosión revolucionaria que iba a poner en duda todos los absolutos de la cultura y de nuestra humanidad, habría sido degollar la gallina de los huevos de oro para fabricarnos un abanico con sus plumas…”

En esa sociedad de la Nada, el joven poeta mira hacia su futuro y sólo ve guerras y odios, muerte. Se duele, le duele y grita: “…Mi progreso era una conciencia hacia la muerte. ¡Desdichado y horrible progreso!...” . Así mismo, en “La consagración de la nada”, sentencia:

“…Ese Dios del odio no es abstracto, sino una pasión encarnada de la civilización moderna: se sienta en el trono sanguinario del poder, se identifica con los totalitarismos, se le reconoce el rostro fiero del dogma racional y religioso, en la brutalidad despiadada de la técnica y el maniqueísmo… Esos símbolos de dominio exigen una sumisión incondicional; ante ellos, el hombre perece o se envilece. El poder en el mundo actual no exhibe ningún símbolo de redención, ningún símbolo espiritual; ni siquiera un olivo, una estrella, un ave, que simbolicen la resurrección y el espíritu de la vida… La jerarquía espiritual ya no es una dimensión del alma sino una progresión matemática de producción, registrada por el cerebro electrónico ¡Qué desierto!... Un rechazo al odio, y un loco anhelo de salvación, en el sentido espiritual de estas páginas que me habría gustado consagrar, antes que a la Nada, a la amistad entre los hombres…”

El terror de la condena y al absurdo es evidente en sus relatos y dramas. Como una premonición, sus personajes son arrojados a la cárcel, al lumpen, al prostíbulo, al accidente, al muladar, al suicidio, al absurdo, al proceso Kafkiano. En su obra de teatro HK111, por ejemplo, el personaje es un joven músico, algo mediocre, que por su peso corporal es seleccionado absurdamente para dar su vida en un vuelo aéreo a favor del progreso científico. Sentencia el Presidente de la compañía, luego de hacer lo posible por encontrar a otro desgraciado con su mismo peso en los aeropuertos internacionales de Buenos Aires, México y Madrid (esto es, de intentar inútilmente salvarlo):

Presidente. – Lo han decidido por unanimidad. El presidente dice que el hombre es una brizna sin importancia arrastrado por el viento de la historia…”

El Sabio (una mujer científica: hermosa pero inhumana), le confiesa:

Sabio. – Despreciamos todo lo que sea inútil. La poesía es un vicio solitario. No soluciona nada…”

Mientras los datos sobre el proceso del experimento son informados, minuto a minuto, con científica rigurosidad:

Parlante (voz de Sabio). – Boletín número 2: ¡Nada!...”

Con la escalofriante presencia del personaje de La Escafandra, alegorizando al hombre creado por la sociedad occidental:

Escafandra. – Soy feliz. No necesito nada. No deseo nada. No pienso nada…”

Este absurdo dramático, permeado por Beckett y Camus, es tan auténtico dentro del universo literario gonzaloarangesco, como olvidado por sus lectores. Sus personajes patéticos (y por lo tanto llenos de fe), articulan una fórmula exitosa donde la contradicción entre el hombre y las imposiciones ridículas de la sociedad contemporánea lo llevan abrumadoramente a la tragedia:

Los ratones van al Infierno

Primer cuadro

Narrador. – Conocí a un niñito que todo lo que quería en el mundo era un ratoncito…
El niñito no tenía pies, lo cual era una desgracia…”

“… ¿Qué no haría la madre para hacerlo feliz?...”

“…Le habría dado todo, hasta su vida…”

El drama, patético y nepotista, pone en evidencia el extremo de las fanfarronerías humanas, demasiado humanas, ante las falsas idea del amor y la fe. Puesto que para el Profeta, antes que cualquier otra cosa, su tema vital era el amor y la metafísica: era esa la fuerza para romper la negación que le caía de desde todos los flancos: “…El amor destruye el poder destructor…”

"Nadalogía del Nadaísmo:

En la locura mística de Dios, primero fue la Nada y después fue Adán. Por esta razón el Ser es la Nada invertida. Desde entonces la cultura de la humanidad ha sido una cochina inversión de valores. Entre el Ser y la Nada los nadaístas nos quedamos con Eva y la Manzana de la vida…

- Para ser nadaísta no se necesita ser inteligente, ni siquiera saber leer o escribir. Para ser nadaísta se necesita, a lo sumo, tener un hermano que trabaje. ¿Lo tiene usted? Si lo tiene, ¡bienvenido al nadaísmo, usted está salvado!

Acto de Fe:

- Los nadaístas luchamos por una revolución que sea un llamado del poeta a la conciencia del hombre, a la resurrección de lo divino en él, y a la vibración de la carne que se ha muerto para el amor del mundo. Tenemos fe en la tierra y en los cielos radiantes de enloquecidos astronautas, y si después de la guerra atómica no queda nada en qué creer, creeremos aún en el Cabo de la Buena Esperanza.

- El nadaísmo no propone soluciones, sino dudas. No propone la felicidad, sino la desesperación. No propone la paz sino la guerra creadora, una guerra sin armas en que la victoria no sea el poder, sino la vida. Por eso no creemos en ninguna victoria que no sea una victoria sobre nosotros mismos.

- El Nadaísmo no es un principio de nada, sino un fin de todo: ¡Es el deseo infinito de Ser!

“Nuestra poesía nadaísta es, contra toda razón, una poesía revolucionaria; aún contra la razón misma de la Belleza. Para nosotros, la Belleza ya no tiene sentido si no está asociada a cierta idea de terror, de sublime terror, de explosión en todas las dimensiones del espíritu y de la vida del ser humano, a nombre del cual se expresa, se rebela y se canta… Denota otra visión del mundo: un cambio de cielo, y un cambio en la mirada del cielo. Vemos que el mundo cambia, la Historia se moviliza, y la Poesía se desplaza con estas evoluciones. La ciencia ha robado su encanto al misterio del Cosmos. Los cielos ya no son objetos arcanos de inspiración como en otras edades. La cortina azul y el más allá de la intuición metafísica han sido develados: todo era humano, y en el Más Allá no habitaban los dioses… Los territorios invisibles y la adivinación de las estrellas han sido descubiertos por un sencillo binóculo de larga vista. La fantasía y el mito no son ya fantasmas de la imaginación, sino certidumbres maravillosas de los sentidos. Y del espacio lejano han retornado los astronautas para referirnos la aventura de su conquista y declarar la cesación del milagro en un comunicado de sencilla objetividad lírica: ¡La Tierra es una bolita azul con tempestades!...”



La posibilidad creadora

Convencido de que “…Los poetas no se entregan sino a la verdad que encarnan…” , la experiencia le hace ver cada vez más telúrica su idea del amor, conduciéndolo a un misticismo erótico y esotérico:

“…Todos los ideales que reconozco en mí, son de carne: amigos, la belleza, una mujer amada, y los goces que comparto con ella al acostarme y al despertar cada mañana en el rincón de un monasterio, de cara al cielo… Esa es toda la riqueza que poseo en este mundo, y que me posee. Pero para mí, para los dos, ¡es infinita!...”
“…No necesito justificar esta belleza, ni la ternura de estas páginas. ¿Para qué? Después de todo, mi oficio no es la literatura sino el amor…”


Un paganismo consciente: Vencimiento de las cargas morales e intelectuales, sensualidad sincera que rompa la ambigüedad maniquea entre cuerpo y alma, entre verdad y mentira, entre maldad y bondad; todo eso busca Gonzalo Arango en el poeta:

…El poeta aviva la combustión de la flor, fija el rumbo de los astros, vela mientras Dios duerme en las noches de las constelaciones. El poeta se come la manzana y paga el precio de lo prohibido. El poeta marcha al exilio con orgullo y salva la dignidad de la tierra, haciendo de este mundo su morada… el poeta trae para la tierra un mensaje de redención y de belleza, no importa y el redentor va a morir crucificado, olvidado o si recibirá en recompensa el premio del exilio y la condenación a la soledad… La tierra prometida del profeta son los desiertos del alma…” “…En literatura no darle a la gente un/ Sentido de vivir, es robarle el pan…” Profeta es un poeta sagrado…”

Encarnando su papel profético se vuelca a devolverle al hombre un rastro de divinidad. Y talvez asimilando sus lecturas de Heidegger y Rilke (pues Gonzalo sabía y necesitaba continuar en sus textos los problemas metafísicos de sus autores preferidos), comienza su poemario “Fuego en el altar”, gritando: “…El ángel del silencio me dijo…”

“…La Sociedad es el diablo que te tienta
A ser Rey para que nunca llegues
A ser Dios…”

“…El poeta es defensor de oficio de la vida,
La poesía no es el ocio de la palabra sino su acción.
Estamos en el umbral de una era religiosa:
Hombre, sé Dios con humildad como la rosa…”


Arrebatado por una luminosidad estridente que aparecía ante sus contemporáneos, de su boca, como un extraño evangelio del amor (lo que para sus detractores traducía como otra de sus marihuanadas). Los nadaístas lo expulsaron varias veces, disgustándose por sus ascensos y coqueteos con Dios y el poder: no les importaba su hambre, mucho menos su voluntad política. Tampoco su realización mística, lo cual representaba un trabajo intelectual para Gonzalo, quien más que un genial escritor era excelente lector de sus cosas amadas.

“AMO

Amo la vida en carne y hueso
Amarrado a la carne como una muela
Tenaz y a la raíz como pluma de ala
Que anhela remontar al cielo”

“…Creo en lo que me crea…”

“GÉNESIS

La última lágrima
Ilumina la sonrisa
Como la primera gota del manantial
Engendra el océano
Y la noche
Da a luz el día ”


En el amor terrestre encuentra el amor divino. Y el efecto de esto en su creación será lamentado por parte del Nadaísmo, quien no quiere saber de esperanzas ni de dioses. Las hordas de admiradores de la literatura del oprobio y la cizaña han ignorado y reprobado esta última obra del Profeta, obnubilados por el poder de su irreverencia adolescente y contestataria, contracultural:

…En brazos de una mujer, he descubierto el rostro de Dios. …Mi pluma de escritor incendiario es atea: tea de Dios para salvarme… …El miedo del hombre a la Nada, es Dios… …Dios viviendo en nosotros, nosotros en Él, en la absoluta identidad, en la plena beatitud del amor humano y el divino, sin necesidad de este instrumento sucio que es el conocimiento, o la razón. La razón no es conciencia…


Los hijos de la nada

Los años pasaron, el Nadaísmo se reseña en los colegios, aburre y, en palabras de Eduardo Escobar: “…hemos empeorado como género sin duda y somos tan antipoéticos como ayer denunciábamos con nuestras proclamas descabelladas…” Se cumplen sus bodas de Oro, los creadores están viejos o en el infierno (el de los poetas). Algunos callados, otros copiando obras, otros borrachos, otros casados, otros comprando concursos y puestos políticos. También hay quienes no dejaron, como el Maestro Jaime Jaramillo Escobar (X-504), de trabajar bajo la música de Las Musas y los astros. Se trata, como en el caso de todos los aniversarios y efemérides, de fiestas cerradas, banquetes editoriales y discusiones de revistas, universitarias o de cafetín (como ésta, montada ahora en un fúnebre blog).
Para alegría de eruditos y estudiantes, la obra de Gonzalo Arango no ha sido estudiada como se merece. Su teatro, por ejemplo, a duras penas ha sido representado por su generación. Su obra periodística no ha sido publicada en totalidad. Y la juventud, su antigua aliada y lectora, ya no encuentra en la literatura contracultural un sitio para escamparse del asco de la adolescencia. Qué decir de su obra póstuma, cuentos o poemas.

Hijos de la nada, esperamos la llegada de profetas pero no contamos con oídos para escucharles. Gracias a estas baladíes efemérides, sin embargo, revivimos el pensamiento de quien intentó poner a pensar los rebaños colombianos. La obra de Gonzalo estará, por ende, mucho tiempo en silencio entre nosotros: ¡Respirad la podredumbre del desprecio!

“…Por eso el extravío: Sin tradición,
Sin rumbo, estamos perdidos en el olvido,
Desamparados en el mundo…”

“…Por eso, la poesía es aquello que intenta lo imposible: certifica que este es el mejor de los mundos posibles, y el único. Aquí el poeta se vuelve divino y sucesor de Dios, quien ha creado el Universo para que el poeta lo explique. Y el poeta triunfa sobre el absurdo o se enloquece…”


* * *

Para los amigos de la Corporación Cultural Debluss
Y Los Emboscados.

Silvio José Bolaño Robledo
Girardota, Antioquia. Octubre 20 de 2008


BIBLIOGRAFÍA

De la Nada al Nadaísmo. El dedo en la herida. Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1966
Memorias de un presidiario Nadaísta. Ediciones autores antioqueños. Medellín, 1991
De la Nada al Nadaísmo. El dedo en la herida. Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1966
Fuego en el altar. Plaza & Janes, S.A., Editores, Barcelona, 1974
Obra negra. Santafé de Bogota; Plaza & Janés, 1993
Manifiestos nadaístas. Arango editores. Bogotá, 1992.
Oleajes de la sangre. Medellín, La Pista Tabaca, 1997
Correspondencia violada. Bogotá; Editográficas, 1980.
Nada bajo el cielo raso y HK111 (Teatro), Medellín, imprenta departamental de Antioquia

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