jueves 12 de junio de 2008

QUÍTAME LAS TETAS

QUÍTAME LAS TETAS

Desapuntes sobre un escándalo

“- La dignidad se nos escapó por las vergas…”, creo recordar que decía el Maestro Fernando Gonzáles . Y sépase que no hablo del presentador de "El programa del Millón" sino del brujo, del ateo aquel a quien no le fuera concedida la piñata del Nobel (premio al cual dizque lo postulara Jean-Paul Sartre), por una recomendación de la arquidiócesis de Medellín a la academia sueca. Hecho que le ha merecido otro premio: su decoroso ostracismo en la historia de Colombia. Aislamiento que incluye tanto la exclusión de textos escolares como de cátedras universitarias; qué decir de municipios, puentes, parques y bustos dedicados a nuestros héroes de guerra, a nuestros padres de La Patria.

“- La dignidad se nos escapó por las vergas…”, repito, para no disgregarme en desagravios y entonar ahora el sonoro tambor del vituperio. A los hechos: ¿qué tienen en común el escándalo sexual del gobernador de NY, las humillantes declaraciones del gobernador suplente, la historia tropical de una menor de edad muerta por cierto implante de nalga (que en lugar de silicona era cemento usado para prótesis dentales), la terrorífica fábula del Monstruo de Austria, la desalmada homofobia de la Rectora de un Colegio en Manizales y el bochornoso espectáculo de un campeón mundial de fútbol (marca Nike) con tres tristes transexuales?

Tal vez sólo sea el abuso que los medios de comunicación han hecho de estas noticias. Tal vez no. Alguno dirá que sólo las ata la mente perversa que confabula estos desapuntes (quiero decir la mía). Para darle lugar a la antítesis planteo que la dignidad se nos escapó, desde hace rato, por las vergas. Y no hablo como inquisidor moral: a mí también se me ha escapado un par de veces. Recurro (por supuesto) y retóricamente, a la dignidad de un Fernando Gonzáles: ese ateo que vivió más católicamente su relación amorosa que como la viven muchos godos reprimidos. Pero ya que hace rato se nos escapó, afirmo que el mayor escándalo actual consiste precisamente es en no hablar de sexo.

Michel Foucault, en su “Historia de la sexualidad II”, investiga en qué momento y cómo esa antigua "inquietud de sí" de la Grecia democrática, ese pensar un arte del cuidado de sí (lo cual incluye vestido, limpieza, economía y sexualidad), fue destronado por una moral (no católica) de las costumbres. Y allí, citando a Nicócles, expone cuál debe ser la conducta del Príncipe: “Da tu propia ponderación (sóphrosyné) como ejemplo a los demás y recuerda que las costumbres (éthos) de un pueblo se parecen a las de quien lo gobierna. Tendrás el testimonio del valor de tu autoridad real cuando compruebes que tus súbditos han adquirido un mayor bienestar y costumbres más civilizadas (eyporóterous kai sóphronesterous gignomenous) gracias a tu actividad (epimeleia)…”

Dos mil años después y en vivo para el mundo de CNN, el gobernador de NY reconoce haber tenido relaciones sexuales con prostitutas. Hecho que lo obliga a dimitir del cargo. La prostitución (el trabajo más antiguo en la tierra según el antiguo testamento), no era prohibida en los tiempos de Nicócles. Pero eso sí: un hombre que se precie de sí no acudirá jamás a las prostitutas. En este caso la decisión de dimitir no es tomada por el gobernador de NY a partir de su reflexión ética. Tampoco es tomada en consecuencia a un canon moral judeocristiano (de ser así su esposa lo habría abandonado). Su dimisión ha de ser valorada como un deber político, imagen de partido, cosa de bancada.

Por eso el gobernador siguiente antes de tocar otros temas tiene que reconocer en vivo, para el mundo de CNN y al lado de su esposa, que en su matrimonio también ha existido el adulterio. La mirada humillada de la mujer no se parece en nada a la de la arrogante Señora Clinton, quien nos ha dejado una enseñanza sobre la infidelidad matrimonial: No importa el adulterio desde que exista el poder. A través del poder se edifican la memoria y el olvido. Y también las modas del sexo son una forma de poder, hoy en día, de sometimiento (piénsese en los abusos sexuales de los estadounidenses a sus rehenes iraquíes o en la imagen denigrada de cualquier bellísima modelo de consumo). De ahí el que no sea raro que en el lado oscuro de la luna (citando a Shakira), o sea en nuestra querida Colombia, los padres decidan darles prótesis de silicona a sus hijas en crecimiento. ¿Cómo va a ser raro si el sexo es hoy lo más visible y lo menos audible?

"- Sí, mi amor: démosle unas tetas nuevas a la niña…". "- Ni viaje ni fiesta de quince: lo que necesito es un par de tetas enormes, como pelotas de basketball..." Y no me burlo: lo sucedido en Colombia es una tragedia. Una tragedia que en cualquier momento puede volver a repetirse. No estamos ya en el ámbito público de la política sino en el ámbito privado del hogar. Y quiero denotar de un modo especial que en el estudio citado son numerosas las analogías a través de las cuales el griego compara al estado con la casa y a la casa consigo mismo: primero estoy yo, después tú, luego ellos. Primero me cuido a mí para poder cuidarte a ti y así cuidar la "cosa común", la democracia. Ahí aparece la responsabilidad inmensa de la sociedad austriaca con los nietos e hijos del Monstruo, los cuales durante toda su vida permanecieron encerrados en un bunker antinuclear y, como en toda fábula, pudieron ver al fin la luz del día.

Estupro, incesto, secuestro colectivo, adulterio: son algunos de los delitos y pecados cometidos por el Monstruo (habrá otros que no sé cómo puedan llamarse, incluso que no existen: que no han sido pensados ni por la religión ni por la ley). El Monstruo no dejaba a su mujer entablar discusión con desconocidos, no le gustaba que sus hijos (y nietos a la vez) se ausentaran del hogar y era un ejemplo que citaban las esposas a sus maridos cuando regresaban borrachos al nido: en lugar de irse a beber a la cantina el Monstruo se internaba en su taller a trabajar en lo suyo, en la electricidad. Su imagen era, hablando en términos morales, un símbolo de padre y esposo. Y el hecho de que el bunker haya sido abierto, como la panza del lobo feroz, nos da pie a verle como una fábula. Fábula para sacar conclusiones: Ni el laberinto de Creta ni la bomba atómica ni Auschwitz son los peores horrores concebidos por la mente humana. Y no los estoy rebajando.

Nuestra fábula posmoderna es evidentemente sexual. Un pederasta reconocido por sus excursiones a Tailandia, un gigoló en la oficina, un esposo ejemplar. Los diarios sensacionalistas publicaron fotos suyas de un supuesto juicio por acoso sexual en la década de los ochenta. Sus hijos y nietos están vivos, su hija y su esposa también. Luego el drama no termina: es necesario que el estado responda ante una sociedad que busca respuestas. Y las respuestas no son únicamente clínicas o patológicas: lo fácil es citar a Freud. Respuestas encaminadas a la educación y a la ética. Encaminadas al sexo.

En Manizales, Colombia (donde gracias a los muchachos de La séptima papeleta fue posible la Constitución de 1991 y con ella el magno recurso de la acción de tutela), dos menores de edad fueron reintegradas a su colegio tras ser expulsadas por sus conductas sexuales. Sin embargo al volver al plantel encontraron una manifestación de rechazo por parte de sus propias compañeras mientras la rectora observaba desde la puerta, impertérrita, sin acatar la orden constitucional. Supongamos que las manifestantes (menores de edad) no fueron azuzadas por la señora rectora sino que también obedecían a conductas homofóbicas: si creemos por ello que es justa su manifestación estaríamos confundiendo el derecho inalienable a la libertad de expresión con un falsa cara de la democracia. En ese momento los docentes debían estar impartiendo una clase magistral sobre la identidad sexual y los imaginarios contemporáneos de género. Y es que dada la minoría de edad de las niñas ni siquiera es seguro que sean lesbianas. Lo difícil es leer a Freud, pero más difícil aún es hablar de sexo.

Tan difícil es hablar de sexo que sólo nos llevan a esto los escándalos o las revistas del jetset (ni siquiera el porno). La noticia caliente es la del campeón mundial de fútbol que posiblemente perderá su contrato vitalicio con la Nike por irse una noche de putas. Él creía que eran mujeres cuando se trataba de transexuales (según la versión del ídolo), así que no estuvo con ellas y en cambio les pagó un dinero en la estación de policía. Una de ellas, sin embargo, no aceptó el soborno y decidió aprovechar su cuarto de hora: acudió a los medios de comunicación. Y es que todos queremos ser cantantes. La noticia se regó entonces como alma que lleva el diablo. Es preferible la fama que los centavos de un astro. La novia dejó al muchacho y ahora la Nike estudia seriamente el quitarle su pensión ya que la chica afirma que además el Campeón le envió a comprar cocaína a La ciudad de Dios. Y alguno dirá: ¿cómo creerle a un transexual? Yo digo, con el perdón de mis amigos del fútbol: ¿para qué creerle a Ronaldo?

Es esta última historia la más borrosa por ser en la cual más dinero e intereses hay en juego. La transexual ha rebajado a la comunidad gay al mostrarse públicamente como una trabajadora sexual que surge a la fama a partir de humillar la dignidad de un campeón mundial de fútbol (en el país donde más transexuales son asesinados). Pero tiene el respaldo de una comunidad. Y no lo ha humillado ante la opinión porque se fuera de putas sino por pedirle que le comprara cocaína. Y esto es lo único que niega Ronaldo. La coca es más mala que el adulterio, la poligamia y la lujuria, por el único motivo de ser considerada ilegal. En el siglo XIX y a comienzos del siglo XX, cuando aún el luteranismo radical norteamericano no prohibía las drogas, la cocaína era usada por unos cuantos (muy pocos, hasta Freud), no ocasionaba guerras (en ese entonces eran por el opio) y era mejor vista que el adulterio, la poligamia y la sodomía. Estamos hablando de un país en el cual impera la normal moral pero en el cual la libertad de expresión liderada por los medios de comunicación promueve una decadencia de valores colectiva.

¿Cuáles valores?: ¿los del estado o los de la Iglesia? Porque las constituciones en sí lo que hacen es transformar la ética básica en leyes comunes. Y aquí emerge la doble moral del estadounidense: es prohibido matar pero existe la pena de muerte. Es mala la pena capital en Cuba, no en EEUU. Es malo un polvo que te enloquece pero no el NAPALM, ni la aniquilación de vidas humanas y tesoros de Bagdad, mucho menos la guerra de la coca en nuestras selvas. Lo peor es que en Colombia esta doble moral se vuelve cada vez más drástica: está prohibido matar, también la pena de muerte, pero se hace todo el tiempo. Acá en Argentina, el país donde más judíos hay en Latinoamérica, el presidente tiene que ser, vea usted, católico. Pues sí: Menem se convirtió al catolicismo para ser elegido, se casó por la iglesia de Roma, luego se divorció, se volvió a casar (con una ex - reina de belleza) y volvió ahora a quedar soltero (ya no es presidenciable, mal paso el de la Ceci Bolocco).

Si respecto al derecho a la vida hay una doble moral qué diremos ante el sexo. Se compra, se vende, se muestra, pero no se habla de él. Alguno dirá que este artículo es inmoral por hablar de vergas, putas y transexuales, por decir al fin y al cabo tantas veces la palabra sexo. Pues bien, debo ser recalcitrante en esto: sexo, sexo y sexo. Es de lo que necesitamos hablar. Y no sólo de enfermedades ni del poder del deseo. Que dentro de veinte años, cuando esté en el medio del camino de la vida, me tocará contemplar el grotesco espectáculo de miles de contemporáneas, ay, tan arrugadas, con sus pectorales inflados como pelotas de basketball. Y escuchar el eco de sus súplicas ante la cuchilla del barbero: "Por favor, Doctor: ¡Quíteme las tetas!".

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Explora el estilo de vida erotico de nuetras miles de fotos y videos. ademas de esto disponemos de una revista online, webcams en tiempo real con chicas reales, blogs y miles de contactos de chicas y chicos con tus mismas aficiones.

http://blogcontacto.asdgo.com/

Visitas